Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.
Che. La fuerza de la utopía

Frei Betto
La revolución cubana es uno de los mitos de mi generación. Y la figura de Ernesto Che Guevara, con los ojos firmes vueltos para el futuro, es uno de sus principales íconos.
La imagen de los guerrilleros de Sierra Maestra, con sus barbas, botas y uniformes verde oliva, nutrió los ideales políticos del movimiento estudiantil brasilero de los años 60. En el restaurante Calabozo, en Río, o en los bares de la calle María Antonia, en San Pablo, creíamos que la historia, maestra implacable y madre generosa, nos ofrecía la posibilidad de derrotar al imperialismo norteamericano; convicción reforzada en los años 70 por la victoria de los vietcongs de Ho Chi Minh sobre las tropas de la mayor potencia bélica y económica del Planeta.
La esperanza no era vana, y se presentaba revestida de fuertes símbolos. Había algo de explosivamente fálico en los cigarros de Fidel -misiles capaces de contener la amenaza de invasión a Cuba patrocinada en 1961 por el gobierno de Kennedy- como había mucho de seductor en la estampa de Ernesto Che Guevara, con aquella sonrisa burlona de quien desconcierta al enemigo, los ojos altivos bajo la boina azul polarizada por la estrella, fijos en la utopía de liberación de la Patria Grande Latinoamericana. Cuando se es joven, a una buena causa le basta el diez por ciento de razón, cuarenta de emoción y cincuenta de estilo, ese "saber vivir" con que los vencedores arrancan de los pobres mortales una admiración incontenida y una envidia secreta.
Si Cuba pudo, ¿por qué no podríamos? Eramos jóvenes como los militantes del Movimiento 26 de Julio y, desde 1964, teníamos en el Brasil una dictadura tan cruel y corrupta como la de Fulgencio Batista. Y no nos faltan sierras y montañas.
Un ideal se alimenta de símbolos y ejemplos. Ninguno se deslumbra con programas de partidos, excepto sus propios autores. Llegaban a nuestros oídos las epopeyas del Ejército Rebelde, la osadía de la campaña de alfabetización y de la reforma agraria, la nacionalización de la economía, la victoria de los cubanos sobre los invasores de Playa Girón. Todo aquello tocaba a fondo la vasta generosidad de nuestros sentimientos, como si la historia nos brindase, en una pequeña isla del Caribe, una visión palpable de nuestro propio destino. Teníamos nostalgia del futuro. Y más aún porque él ya se anticipara en un punto de esta América Latina. Y tenía ritmo de maracas y sabor de ron.
Antes de deslumbrarme por los guerrilleros de Sierra Maestra, asistí con horror a la traición a los EE.UU. del matrim
... (... continúa)Lo que aprendimos y lo que enseñamos.

Ernesto Guevara, 1° de enero de 1959
Largo ha sido el camino y lleno de penurias y contradicciones. Es que en el curso de todo proceso revolucionario, cuando éste es dirigido honestamente y no frenado desde puestos de responsabilidad, hay una serie de interacciones recíprocas entre los dirigentes y la masa revolucionaria. El Movimiento 26 de Julio, ha sufrido también la acción de esta ley histórica. Del grupo de jóvenes entusiastas que asaltaron el Cuartel Moncada en la madrugada del 26 de Julio de 1953, a los actuales directores del movimiento, siendo muchos de ellos los mismos, hay un abismo. Los cinco años de lucha frontal, dos de los cuales son de una franca guerra, han moldeado el espíritu revolucionario de todos nosotros en los choques cotidianos con la realidad y con la sabiduría instintiva del pueblo.
Efectivamente, nuestro contacto con las masas campesinas nos ha enseñado la gran injusticia que entraña el actual régimen de propiedad agraria, nos convencieron de la justicia de un cambio fundamental de ese régimen de propiedad; nos ilustraron en la práctica diaria sobre la capacidad de abnegación del campesinado cubano, sobre su nobleza y lealtad sin límites. Pero nosotros enseñamos también; enseñamos a perder el miedo a la represión enemiga, enseñamos la superioridad de las armas populares sobre el batallón mercenario, enseñamos, en fin, la nunca suficientemente repetida máxima popular: "la unión hace la fuerza".
Y el campesino alertado de su fuerza impuso al Movimiento, su vanguardia combativa, el planteamiento de reivindicaciones que fueron haciéndose más conscientemente audaces hasta plasmarse en la Ley n° 3 de Reforma Agraria de la Sierra Maestra recientemente emitida.
Esa Ley es hoy nuestro orgullo, nuestro pendón de combate, nuestra razón de ser como organización revolucionaria. Pero no siempre fueron así nuestras exposiciones sociales; cercados en nuestro reducto de la Sierra, sin conexiones vitales con la masa del pueblo, alguna vez creímos que podíamos imponer la razón de nuestras armas con más fuerza de convicción que la razón de nuestras ideas. Por eso tuvimos nuestro 9 de Abril, fecha de triste recordación que representa en lo social lo que la Alegría de Pío, nuestra única derrota en el campo bélico, significó en el desarrollo de la lucha armada.
De la Alegría de Pío extrajimos la enseñanza revolucionaria necesaria para no perder una sola batalla más; del 9 de Abril hemos aprendido también que la estrategia de la lucha de masas responde a leyes definidas que no s
... (... continúa)Alegato político de Plenaria Memoria y Justicia

Estuvimos juntos todo este tiempo, bajo lluvia, invierno o verano, unos poquitos o varios cientos, pero siempre firmes. Allí en la puerta de los juzgados cuando eran citados los torturadores de la OCOA, el canciller de la muerte Juan Carlos Blanco, el dictador latifundista Bordaberry etc. Estuvimos año tras año, las banderas blancas de Plenaria y nuestra paloma de memoria y justicia, y tantas otras compañeras y compañeros. Pero antes también, cuando había que ir a buscarlos allí donde se escondían, en sus estancias, en sus mansiones lujosas. Con aquella caravana por la justicia se los fue empujando fuera del anonimato, se los fue condenando socialmente, antes de que terminaran siendo condenados también en los tribunales.
Hoy estamos festejando que el pueblo después de tantas luchas acorraló a los impunes. Y justo ahora, cuando nos preparamos para continuar la ofensiva de memoria y justicia, para que vayan cayendo todos los impunes, para que el pueblo condene socialmente a los que siguen escondidos y sin castigo, el poder judicial vuelve contra nosotros con el procesamiento por "sediciosos".
Compañeras y compañeros: esta dualidad del poder Judicial no es casualidad.
De la mano de jueces como Fernández Lecchini, quieren meternos presos.
Empuñando el lado del Código Penal más retrógrado nos denominan sediciosos. Porque somos anticapitalistas y actuamos como tales. Porque somos antiimperialistas, y luchamos por los mismos sueños que lucharon nuestras compañeras y compañeros muertos, desaparecidos y torturados.
Una de cal y una de arena, quieren meter a unos presos por represores y a otros por sediciosos, y se terminó el problema. Unos a la cárcel VIP, otros al COMCAR, y así dar vuelta la página de la historia rápidamente.
Pero esto no lo vamos a permitir.
Acá señores no reinstalarán la teoría de los dos demonios. No son dos bandos en pugna. Nadie se creerá ya más esa mentira histórica aunque traten de armar la parodia una y otra vez. Lo que hicieron los represores es criminal, lo que hacen los pueblos por resistir a todas las injusticias que esos criminales generaron es justo. Es legítimo.
Es legítimo soñar y pelear por una sociedad donde no caminen impunes por las calles los asesinos de nuestras compañeras y compañeros. Y es igualmente justo soñar y luchar por un mundo donde el que mande no sea don dinero. Donde lo que mande sea la necesidad de la gente y el respeto sin límites a los derechos de todas y todos.
El proceso que ha reiniciado el Poder Judicial, encabezado por el Juez Fern&a
... (... continúa)



