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Nueva TRIBUNA

El banquero de la mosqueta

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URUGUAY 

 

Las deudas de Mujica

Por: Jorge Torres


El ministro Mujica está trabado por la incomprensión de varios factores concurrentes: la propiedad de la tierra, la distribución de la población rural a lo largo y a lo ancho de nuestro territorio, las características de este territorio tan pequeño, las producciones posibles y viables dentro de cada zona específica o en contraposición a las que hoy se practican.

Con respecto a la propiedad de la tierra-factor esencial en todo esto-, podemos anotar la existencia de cuatro modalidades: el latifundio improductivo o con bajísimos índices; las grandes extensiones de tierra con altos o bastante adecuados índices de productividad; las medianas extensiones de tierra con diversidad de rendimientos productivos y aglomeradas al sur del Río Negro y en los alrededores de la capital, y por último el minifundio, con escasos índices de productividad y de rentabilidad, salvo en actividades muy puntuales que, ellas sí, obtienen buenas o altas tasas de rentabilidad.

Toda esta irracional y antieconómica distribución del factor productivo tierra, acaba transformándose en una pesada carga para todo el país. No se trata de asustar a nadie con consignas a las que se les adjudica intenciones maléficas; una reforma agraria implica, básicamente, introducir una distribución racional del recurso tierra en vez de dejarlo al arbitrio de cada uno, según sus posibilidades e inteligencia. Los resultados de toda esta irracional estructura de tenencia de la tierra, productividades y rentabilidades, aparecen escritos en la historia del país desde sus comienzos. Estamos pagando deudas que vienen del pasado y que no son nuestras, y también la desidia o el temor de quienes no desean cambiar nada por simple cálculo político, por beneficios económicos o por tradiciones que nada tienen que ver con el siglo XXI.

Quienes no comprendan que las necesarias reformas de las estructuras de tenencia de la tierra beneficiarán a los propios productores y al país entero, están saboteando el presente y el futuro de las próximas generaciones.

Como epílogo, resulta inevitable escribir lo que sigue por elementales razones de honestidad intelectual.
¿En qué se diferencia el ministro Mujica de los capitalistas y su filosofía? En nada, porque al igual que ellos no cree en la justicia, esa que se basa en la igualdad de los individuos en derechos y obligaciones. Como los capitalistas cree que hay disposiciones de origen divino que les otorgan diferencias y privilegios que no tienen los demás ciudadanos(en su caso sería el pecado original que ya anotamos y que los exonera de obligaciones que, a cambio, debemos cumplir nosotros en lugar de ellos).

Y como los capitalistas cree de hecho que es legítimo trampear a toda la sociedad a través del logro de beneficios y prebendas que los demás no tienen; y como ellos utiliza el aparato del Estado para engañar a partir de proposiciones y planteos de naturaleza demagógica que se burlan de los principios éticos. Y también, como ellos, intenta obtener los réditos políticos que ayer le aseguraron los votos y que quizá también corran en el futuro.

¿Qué queda entonces de su pretensión de continuar siendo un luchador social? ¿No será que se ha convertido en un luchador de clase, de todos aquellos que aspiran a continuar siendo clase dominante, más los otros que luchan por ascender en la escala social? Porque como todo cambia, siempre hay alguien que paga las facturas que otros van dejando por doquier, como en este caso de nuestro análisis.

El ministro Mujica, además, está en deuda; en deuda consigo mismo. Porque más allá de sus reiteradas invocaciones a su pasado guerrillero, las heridas recibidas y los largos años de cárcel, echa prudentemente en el olvido los viejos y radicales planteos de reforma agraria de los cuales él también fue un ardiente vocero.

Ahora no estamos exigiéndole que respete la concordancia entre pasado y presente, y tampoco que desde la secretaría de Estado que dirige presente algún proyecto de modificación de la estructura agraria del país. No, nada tan radical. Son otras las exigencias. El ministro sabe, o debería saber, que buena parte de los deudores bancarios del sector agropecuario lo son porque las explotaciones que realizan no generan la rentabilidad suficiente como para cumplir con sus contratos, y entonces acaban por convertirse en deudores crónicos. Pero además el ministro sabe que entre los factores que inciden en la baja o en la nula rentabilidad está la cuestión de disponer o no de la cantidad suficiente de tierra, y cuando señalamos el punto estamos apuntando a las explotaciones que carecen de tierra suficiente, como ese minifundio que se extiende en diferentes zonas del país y que se sabe, por su propia naturaleza, condenado a trabajar y a vivir en condiciones miserables, ya que las explotaciones que realiza no arrojan rentabilidades suficientes o adecuadas.

Es esa, entre otras, la causa de que esos productores se vean obligados a emigrar del campo para establecerse en los asentamientos irregulares que rodean las ciudades y a sumergirse, ellos y sus familias, en una vida sin perspectivas, donde todo es incierto porque no hay futuro a la vista y porque carecen de cualquier tipo de capacitación que les permita insertarse en otras actividades productivas.

El ministro Mujica tiene muchas deudas. Como expresa permanentemente demasiadas incongruencias, la situación es mala, ya que él parece no darse cuenta y los que lo rodean no han asumido el coraje necesario para señalárselo. Dejado en esa soledad sin crítica, resulta explicable que haya acuñado una expresión que maneja como consigna o como bandera: como te digo una cosa te digo la otra. Ese es un mamarracho o comodín de la peor especie, porque pone a la luz la ausencia de una estrategia necesaria y adecuada (¿recuerda Mujica?), sólo ha resultado bueno para las letras de las murgas, al tiempo que desacredita a las convicciones en general, a la ética y al estudio.

Nota completa en edicion en papel en los puestos de venta o solicitar al  teléfono: 522 35 67

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